Mujeres RASP (Ricas Aunque Sobradamente Preparadas)

23 feb

Enganchadísima al ya mítico programa de La Sexta, no podía dejar de dedicarle unas líneas de merecido homenaje por tantas horas de risas y diversión. Para los que no lo conozcáis, se trata de una especie de reality show que cuenta la vida de un grupo de mujeres ricas que, en principio, no tienen relación entre ellas.

Resumiendo, los ricos son guapos, hablan raro por normal general  y también lloran.

Ahora, si me permitís, me traslado a Luxemburgo una temporadita, donde continuaré, eso por descontado, con mi análisis sociológico de ricos por el mundo.

¡Deseadme ssshhhuerte! (con voz de pija madrileña)

Jesús me quiere (II parte)

14 feb

Nada que ver con San Valentín ni con cosas raras, sólo que parece que esta frase me persigue últimamente. Si hace unas semanas publicaba un post sobre el libro de Safer (que leí durante un viaje) titulado de la misma forma, días atrás Jesús me quiere volvió a aparecer de nuevo en uno de mis trayectos habituales. Aunque, eso sí, esta vez de manera muy distinta. Sentada en el autobús camino de Zaragoza, conocí a una mujer peculiar. Africana de sonrisa constante, comenzó a contarme su vida, así como quien no quiere la cosa,  prácticamente desde el minuto uno al encuentro, antes incluso de que pudiera instalarme en el incómodo asiento de turno.

- “Me gustaría, si no te importa, hablarte de alguien muy especial. Alguien que te quiere mucho aunque quizás no seas consciente de ello”,  soltó mi risueña acompañante en un momento de la conversación.

Nadie le había preguntado. En ese instante comencé a sacar con cautela mi Ipod de la mochila dispuesta a desconectar de  varias horas de viaje en vena combinadas con conversaciones incómodas con desconocidos, como era clarísimamente el caso.

- “¿Ah sí? ¿Quién me quiere a mí, a ver? ¿Quién me quiere a mí aparte de mi familia y  amigos?  Nadie, se entera,  no existe nadie más que me quiera, ¿le queda claro?”, contesté como si estuviera fuera de mí y tratase de ocultar una inoportuna lágrima.

(No espera, miento, eso fue lo que me imaginaba que diría si en esos momentos hubiera sido la protagonista de una historia de película a la que acababa de dejar el novio).

- “¿Sí? ¿De quién se trata?”, pregunté, ahora sí, sonriente y educada.

- “De alguien muy especial, nuestro Salvador en la Tierra, un hombre que ha dado la vida por ti y por todos los hombres”, empezó a relatar la mujer. “Se llama Jesús, ¿lo conoces?”.

(“Oh, ¡no! ¿Por qué a mí? Cincuenta asientos en todo el bus y tiene que tocarme al lado de la mujer del predicador.  Miré a mi alrededor. Ni un sitio libre. Por favor, tierra, ¿quieres hacer el favor de tragarme? Gracias”, pensé).

- “Mire, voy a serle sincera. No soy creyente. Lo fui de niña influida por las monjas que me educaron durante 14 años en el colegio, pero lo dejé. Lo respeto pero no me interesa. De todas formas, muchas gracias, muy amable”, resumí en una respuesta algo borde mientras me disponía a enfrascarme definitivamente en mi música.

- “Pero Jesús te quiere. Mira qué guapa te ha hecho. Deberías estar agradecida por la belleza con la que Él decidió crearte y no al contrario. Con la cantidad de gente fea que hay, o todos los que tienen problemas físicos…  A ti te quiere mucho y por eso te hizo así de guapa. Deberías agradecérselo”, afirmó literalmente. Y digo ‘literalmente’ porque la frase me pareció tan fuerte, cruel e inesperada que se me quedó grabada palabra por palabra.

- “Claro, porque a esa gente Jesús no la quiere, ¿no? ¿Me está diciendo que Jesús no quiere a  los feos ni a la gente con problemas físicos? ¿Que decide que nazcan así porque sí dada su infinita bondad?”, repliqué en alto ganándome las miradas de odio de algunos viajeros.

Y entonces se hizo el silencio. Aquella extraña mujer que estaba empezando a sacarme de quicio sólo fue capaz de mirarme con  un gesto de lástima e indiferencia hacia esa ‘pobre’ gente. Y así, ignorando descaradamente mi pregunta, sacó una tarjeta de su bolso.

- “Mira, esta es la dirección de nuestra iglesia. Los hijos de no sé qué de Cristo. Pásate cuando quieras y tal vez así puedas encontrar respuestas a tus preguntas”.

- “No, no se moleste, no me interesa”, dije poniéndome los cascos.

Conclusión: Jesús sólo quiere a la gente guapa porque a los que no quiere ya los crea a cosa hecha en forma de trolls, para poder así diferenciarlos. Es decir, lo que viene siendo el clásico ‘que se mueran los feos’.  No tendrán culpa de nada pero  es que miradlos, pobrecitos, tan feos y tan vivos… Pues que sepan que según mi nueva ‘amiga’ no son bien recibidos, no son dignos del amor de Dios, así que basta ya de tanta fealdad circulando a sus anchas y mezclándose con los mortales guapos de la Humanidad.

Ay Señor, cuánto loco has dejado suelto por el mundo. No sabes lo que has hecho. Líbranos de ellos y no nos dejes caer en la tentación (de matarlos) -en sentido figurado, claro está.

Amén.

Shopping tour con Ragazza

11 ene

Hace unos días tuve la oportunidad de seguir de cerca un día de shopping tour gracias a la revista Ragazza. Me encargaron un reportaje en el que acompañé a la estilista y personal shopper Bárbara Crespo en una sesión de shopping por algunas de las tiendas más de moda de Madrid. Y, después de muchos cambios, estilismos, fotos y algún que otro problema técnico… ¡este es el resultado!

Fotos tomadas del blog de Bárbara Crespo… ¡No dejéis de leerlo!

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Jesús me quiere

29 nov

No os asustéis, no me habéis perdido. Al menos por el momento. Si me quiere algún Jesús ese será en todo caso mi gran amigo J., más conocido como H., pero todavía no me he convertido en una fanática religiosa ni creo que me ame ningún Mesías Todopoderoso. Jesús me quiere es el título del último libro de David Safier (autor también del famoso best seller Maldito karma), que me recomendó hace unos días M., otra gran amiga. Quedé con ella para tomar algo después de unos cuantos meses sin vernos y, previsiblemente, el algo se alargó hasta el punto que acabamos hablando de la posibilidad de crear un álbum en Facebook con el título Croquetas del mundo. La idea, que nos pareció maravillosa, era colgar fotos de nosotras comiendo croquetas en distintos países y luego etiquetarlas según su contenido: jamón, bacalao, atún, sobrasada… Lo peor (o mejor, según se mire) es que varios días después y pasado el furor del momento, me sigue pareciendo genial. Cosas más ridículas vemos todos los días en las redes sociales y ya hasta nos parecen de lo más normal del mundo.

Pero en fin, dejando a un lado la historia de las croquetas y del juego que podrían dar, M. me aconsejó que leyera aquel libro y, “¿por qué no?”, me pregunté. Un poco de literatura ligerita de vez en cuando no le hace daño a nadie. Al día siguiente encontré el momento perfecto: me esperaba un viaje de cuatro horas por delante sin nada a mano que leer, así que como contaba con tiempo de sobra antes del subirme al tren, eché un vistazo a una de las librerías de la estación y, efectivamente, allí estaba, con sus tapas blancas y una ilustración que recreaba a Jesús al lado de un corazón rojo dibujado supuestamente por Él:

Marie, una treintañera que vive en un pueblecito alemán, tiene un gran talento para enamorarse del hombre inadecuado. Poco después de darle calabazas a su novio en el altar, conoce a Joshua, un carpintero un poco raro y desaliñado. Joshua es un hombre diferente a todos los que ha conocido antes: sensible, atento, desinteresado. Pero, desafortunadamente, tampoco es el hombre perfecto: en su primera cita le confiesa que es Jesús.

Así decía la sinopsis, un argumento que me pareció demasiado surrealista pero sin duda llamativo y entretenido, que era lo que importaba en ese momento. Mientras devoraba un paquete de seis Huesitos entero (sí, enterito) y una bolsa de Fritos Barbacoa (de las grandes), fui sumergiéndome poco a poco en la historia, al mismo tiempo que escuchaba, para no perder la costumbre, la conversación vía móvil de esa petarda que a todos nos ha tocado aguantar en un viaje. Antes de continuar con la historia, interrumpiéndola como aquella pesada hizo con mi tranquila lectura, quiero lanzar una reflexión, así al viento: “¿Por qué? ¿Por qué hay gente que se empeña en compartir su vida privada con decenas de personas desconocidas a las que, además, termina amargando minutos irrecuperables de sus vidas?”. En mis viajes tengo comprobado que siempre, y cuando digo siempre es siempre, hay alguien que te arruina momentos valiosos de lectura o de simple silencio ensimismante. De pensar en nada o en todo a la vez. En lo que a cada uno le venga en gana, y punto. “Desde que tengo ambiciones en la vida los hombres me ignoran“, afirmó la pesadilla de turno en un momento de su conversación. ¿Desde que tienes ambiciones? ¿O desde que tienes ese tono de voz desquiciante y esa capacidad de robar la energía y la paciencia de la gente incluso sin hablar directamente con nadie?

Por su culpa tuve que dejar de leer durante un buen rato. Hasta que terminó su discurso, porque eso era un discurso sin ningún tipo de feedback, (pobre del que estuviera al otro lado del teléfono) hora y media después para ser exactos, no fui capaz de concentrarme. Eso sí, me aprendí de memoria la vida de aquella opositora a la Administración pública frustrada que vivía con sus padres y sus dos hermanos pequeños y a la que los hombres no amaban. Normal. Pero de no haber sido así, ese mismo día podría haberme terminado el libro. Cuatro horas dan para mucho. Me entretenía, incluso me sacaba alguna sonrisa espontánea de vez en cuando. No es una obra maestra ni nada por el estilo, no hace falta que lo os diga, ya os podéis imaginar un poco con que os váis a encontrar si decidís leerlo finalmente. Una protagonista algo alocada y obsesionada por su peso, periodista de profesión, con el don de la oportunidad y que debe enfrentarse a situaciones curiosas e irreales,  ¿os suena? A mí me recordó bastante a la insufrible Bridget Jones (¿Porqué todas las treintañeras entradas en kilos y sin novios, protagonistas de libros y películas cómicas tienen que ser periodistas? Debe de ser un oficio muy gracioso pero yo todavía no le he encontrado gracia ninguna).

Una comedia sobre el bien y el mal, con diálogos a veces divertidos y a veces impertinentes, lenguaje divertido y giros surrealistas. Así podría definirla. Poco más podemos esperar de una novela en la que un chica normal y más bien insulsa se enamora de Jesús, el Mesías, que está de paso en la Tierra, como quien no quiere la cosa, dos mil y pico años después, esperando a que se celebre el Juicio Final. Toma ya. Y hasta aquí puedo leer. Sin desvelar nada más de la trama, algo que ya dejo a la libre elección de cada uno, sí que me gustaría señalar varias frases que encontré a lo largo del libro y que me parecieron merecedoras de análisis. Una de ellas, que ya compartía desde hacía tiempo pero nunca podría haber expresado mejor, fue esta:

La belleza está sobrevalorada

Puede que mucha gente piense que es ese comentario típico de feos en los que nadie se fija a primera vista por el hecho de que son poco agraciados/as. Rollo la belleza está en el interior (de esta bolsa, como dice la publicidad del Bodybell, a la que siguieron frases célebres como Nadie tiene sueños eróticos con alguien muy simpático o No existe el amor a primera charla) y toda la serie de abajo la superficilidad. Sin embargo, aunque pueda parecer tópico, sí creo que hoy en día se valora la belleza, la femenina básicamente, por encima de otras cosas también importantes. Un ejemplo bastante recurrente pero muy gráfico es el de las mujeres presentadoras de telediarios. De un tiempo a esta parte los informativos se han convertido casi en un desfile de modelos en el que todas las comunicadoras deben ser, aparte de súper inteligentes, simpáticas y con sentido del humor, pibones mediáticos. Sara Carbonero, Mamen Mendizábal, Cristina Saavedra… Todas guapísimas y estupendísimas. Por no hablar de presentadoras de programas de humor como Patricia Conde, Pilar Rubio, Berta Collado and company que, comparadas con sus compañeros masculinos, cómicos como Berto o Buenafuente, nos demuestran cómo se cantean los medios en cuestiones de imagen. La mujer como simple objeto de deseo. Suena antiguo y feminista, pero muchos estaréis conmigo en que en este sentido involucionamos más que andar hacia adelante.

No te inquietes por el mañana porque el mañana ya tendrá sus propias inquietudes

Efectivamente, ¿por qué agobiarse con el futuro cuando él mismo ya nos traerá consigo sus propios agobios? Nos pasamos la vida pensando en lo que vendrá y no en el presente. Error. Ahora bien, segunda cuestión, ¿cómo conseguir no preocuparse por problemas venideros? Ni repajolera idea, eso ya lo consultamos con nuestro psicólogo si vemos que tal.

Hay personas que, por amor, sacrifican su matrimonio, otras su profesión y otras su sistema nervioso

El tercero es el que siempre sale peor parado. Queda muy bonito decir “por amor lo dejo todo”, “el amor mueve montañas”, bla bla bla. Bonito y utópico a la par. Vivimos en una sociedad en la que cada uno va a lo suyo, donde se valoramos en exceso nuestra independiencia y somos más egoístas que nunca. ¿Quién conoce a alguien que lo haya dejado todo por amor? ¿A una o dos personas como mucho? O ni eso. Aparte, claro está, de esas historias tan creíbles que nos cuentan los de Españoles en el mundo y demás programas de viajeros felices que comieron perdices. No sé, pensándolo fríamente no deja de ser un tema controvertido. Quizás no sea tan romántico, pero recordemos que Mark Zuckerberg, inventor de Facebook, se motivó a crear la famosa red social cuando la chica que le gustaba y de la que estaba profundamente enamorado lo dejó tirado cual colilla. Amor, desamor… al final todo queda en casa.

“Me explicó que había desviado la mirada y eso permitía deducir que mentía” (Marie)

Las mentiras forman parte del día a día. Todo el mundo ha mentido y mentirá en un momento dado y, quien diga que no, miente. A veces es fácil darnos cuenta de cuando alguien nos miente. La mayoría, me atrevería a decir. ¿No os ha pasado alguna vez que alguien os la está colando descaradamente en vuestra cara y por algún motivo inexplicable sentís que tenéis que haceros los tontos? ¿Alguna que otra, no? Haciéndonos los tontos o no, hay ser desconfiados por naturaleza. Todo el mundo miente hasta que se demuestre lo contrario, me dijo una vez alguien que no recuerdo muy bien. ¿O tal vez lo soñé? El caso es que me hizo gracia y se me quedó grabado. Ahí, fuerte y contundente, como tiene que ser.

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¿Las amáis… o las odiáis?

19 nov

No hay término medio, ¿verdad? Yo las adoro…

Es la edición limitada de Converse junto a Uno de 50. Este modelo sólo está disponible en las tiendas de Fuencarral, 25 y Jorge Juan, 17 (Madrid).

Y sólo 50 unidades…

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